¿Saludar a sus vecinos en las mañanas antes de ir al trabajo podría ser un acto macabro?

The Truman Show es la historia de un hombre clase media/alta que todos los días hace lo mismo, casi como viviendo en loop; se levanta, se mira al espejo, organiza sus cosas y sale a trabajar. Pasa por las mismas calles, siempre es la misma ruta hacia todo.

En transición de su día hay bombardeos constantes de publicidad las cuales Truman no percibe porque se han vuelto parte de su entorno, presentadas sin ningún pudor por su propia “esposa”, en su cara. Los rasgos de todas las personas en el set, ósea la ciudad misma son en sí como un comercial de TV gigante, todos lucen atuendos impecables, sonrisas encantadoras, ningún tono de ropa quiebra la armonía del color y el ambiente cálido que debe tener la urbe y nadie jamás se encuentra de mal humor. Una ciudad “Imitation of Life”.

La industria del entretenimiento había conseguido jugar a ser Dios una vez más, logrando controlar no solo la vida de Truman mediante mentiras y temores (tal cual Edad Media) sino que manipulaba a los espectadores y actores, mientras les hacía creer que eran ajenos a la mentira a la que estaba sometido Truman. Transmitiendo 24 horas el show, que quedaba de las “vidas reales” de los actores, vestigios.

Esta pecera gigante que podría ser nuestra vida misma, encontramos gente que nos quiere y con la que generamos empatía, así como los espectadores; gente que nos quiere abrir los ojos, amigos que prefieren mantenerse al margen de nuestros asuntos y hacer simple acto de presencia, manipuladores que pretenden “protegernos” e infinidad de personajes los cuales parecen escritos por Andrew Niccol.

Una serie de símbolos y objetos que tienen narrativa propia son lo que le da una creciente exponencial al argumento de la película, el domo gigante simulando una tierra plana y delimitada, la luna enorme como vigilante 24/7 y una figura de poder inmersa en ella, como el ser creador y juez de todo lo que sucede allá abajo, siendo esta última afirmación despreciativa para los obreros en el set. No es azar que Jim Carrey sea el protagonista, un icono del entretenimiento estadounidense, como la victima de este mismo. Esto mismo también nos creó una visión de que Carrey no podría ser actor de ningún otro género, lo cual queda totalmente abolido cuando vemos “The Truman Show”, “Number 23”, “Eternal sunshine of the spotless mind”, entre otras.

Sin embargo el engaño no reside en el hecho de que la industria cultural prepare distracción sino en que arruina el placer al quedar pegada a los clisés ideológicos.”

La industria seguirá siendo industria, por muchos ideales de cambio que prometa, se regirá por las mismas reglas de cualquier otra, y como dice un dialogo de Alejandro Amenábar en “Tesis”: “Hay que dar al público lo que quiere”. Somos una máquina de acumular; cosas, conceptos, personas y la industria nos da lo que queremos, nos impacta con todo lo que creemos necesitar y a la vez ellos están plantando sus argumentos en nosotros, aplanando todo como a una sola corriente,  y no es sino una mofa de Hollywood hacer cine y televisión con estas ideologías contrarias de querer abandonar el sistema meticuloso. Ya lo hemos visto con “Into The Wild” y recientemente con “Captain Fantastic” y lo más abrumador es que ninguno de estos personajes logran ser totalmente felices o plenos, nos están diciendo, aunque sea hermoso y poético desligarse no vas a salir bien librado, así que mejor quédate en casa y mira el mundo con los ojos que nosotros ya preparamos para ti. Entonces compramos un televisor gigante de última tecnología, un sillón cómodo y pedimos algo a domicilio para ver como Christopher McCandless (“Into the Wild”) muere de inanición mientras le sonríe a la cámara.

La verdad absoluta no existe pero si podemos tener argumentos que nos sustenten esto, la mentira y lo aberrante de la industria es limitarnos con paredes de cristal, que aunque parezca un acto de bondad, no lo es. 

“Todo es cierto. Todo es real. Nada es falso. Nada de lo que aparece en este show es falso. Solo está meramente controlado.”

Escrito por: Alejandra Jimenez Vides

Deja un comentario