La muestra El arte de la desobediencia pretende dar una mirada a la emergencia del arte contemporáneo en Colombia a través de la colección del Museo de Arte Moderno de Bogotá.

¿En Dónde? Museo de Arte Moderno de Bogotá (Calle 24 No. 6-00)

¿Cuándo? desde el 14 de junio hasta el 14 de octubre

¿Hora? martes a sábado, 10:00 a.m. a 6:00 p.m.; domingos y festivos (no lunes), 12:00 m. a 5:00 p.m.

Boletería: particulares, $10.000; estudiantes y docentes con carné, $7.000

La exposición cuenta con una selección de más de un centenar de obras elaboradas entre 1965 y 1984. Dicho periodo estuvo marcado por un quiebre con el modernismo que permitió importantes transformaciones en las prácticas artísticas; los territorios de las artes se extendieron para considerar procesos e ideas como obras en sí.

Dos momentos de la historia del Museo abren y cierran el periodo que aborda la muestra: su instalación en la Universidad Nacional (1965) y la celebración del último Salón Atenas (1984). Durante esos años el Museo fue un epicentro del movimiento artístico del país al conectarse activamente con las propuestas emergentes en Cali, Medellín y Barranquilla, convirtiéndose en una plataforma importante para los artistas colombianos.

En el lapso que aborda la exposición predominó, por un lado, el carácter punitivo de una democracia restringida, en contraste con la fuerza de una juventud que, constelada con los movimientos culturales mundiales de esos años, no pidió permiso para derribar ídolos y crear un nuevo orden de las cosas.

Las obras que hacen parte de “El arte de la desobediencia” acuden a la provocación directa para cuestionar el orden establecido o para transgredir valores que no respondían al cambio que operaba en el mundo; se valen del humor negro o del juego ‘indisciplinado’, y llegan incluso a entenderse como anti—artísticas. La gráfica, la fotografía y el video permitieron una conexión sólida y crítica con otros ámbitos de la producción visual, incluyendo el diseño, la publicidad, la gráfica popular y los medios de comunicación masiva, especialmente la televisión. Se inició una tendencia hacia las obras no objetuales y el performance. Sin embargo, este horizonte experimental también se manifestó en transformaciones radicales en la práctica de los medios artísticos tradicionales como la pintura.

Los horizontes creativos de la época se ampliaron en fuerte vínculo con los espacios de la vida cotidiana en sus dimensiones doméstica, privada y pública. La ciudad y las facetas sobre todo populares y marginales de lo urbano emergieron como un núcleo fuerte de experimentación artística y política.

En el ámbito del arte local, la desobediencia o desacato a la autoridad se asumió como un juego irónico o provocador que desafió al poder en distintas esferas: estatal, política, familiar, educativa, sexual y religiosa, entre otras. Y fue, sin duda, una forma de resistir, de oponer la potencia del lenguaje, la imagen y el gesto, al peso de instituciones que los jóvenes percibían como opresoras e inamovibles. El Museo de Arte Moderno dio carta blanca a un arte que se caracterizó por ser crítico, y que abrió un nuevo capítulo en la Historia del arte del país.

Por: Daniel Romero.

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